martes, 3 de mayo de 2016

LA SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA ANTE EL NUEVO CAOS ELECTORAL

La sinrazón del sistema de partidos al que la mayoría sigue empeñada en denominar equivocadamente democracia, en lugar de plutocracia que sería una denominación más exacta y acertada, nos conduce a una nueva contienda electoral para decidir qué partido es el que va a ejecutar la política impuesta por la Comisión Europea, el BCE y el FMI, que mantienen su pasividad ante la economía española, a la espera de la formación de un gobierno que estabilice el régimen y ejecute sus directrices para garantizar el pago de la deuda externa a los bancos alemanes y a los inversores en deuda pública, lo que nos está conduciendo a la desaparición de la clase media, a contraer una deuda pública impagable, a la recesión económica, la devaluación salarial, la deflación y la quiebra del sistema de pensiones y de la Seguridad Social. El escenario económico al que nos enfrentamos durante esta larga campaña electoral es desolador.
 
1º) La política del gobierno y el déficit público, los ingresos caen el doble que los gastos y el déficit del Estado es mayor en 2016 que en 2015.
 
El gobierno de Mariano Rajoy ha reducido el déficit público desde el 9,60% del PIB que se registró cuando accedió al poder al 5,08% del año pasado, aunque continúa estando por encima del 4,2% del PIB previsto para 2015 pactado con Bruselas. Y las previsiones apuntan a que en 2016 no se cumplirá tampoco el objetivo anual señalado por la UE en el 3,6% del PIB, casi un punto y medio por debajo del actual, y aunque solo conocemos las cifras hasta febrero del presente año, por lo que pueden variar durante el resto del año, en términos de contabilidad nacional, los ingresos no financieros se han reducido en un -9,7%, lo que comparado con el crecimiento de febrero de 2015 (+2,1%) o de febrero de 2014 (+3,3%) es un desastre. Y si bien es cierto que los gastos no financieros del Estado también se han reducido en un -4,1%, el resultado final es que las necesidades de financiación del presupuesto del Estado han aumentado en 13.306 millones de euros, lo que supone que el déficit del Estado en 2016 aumentaría respecto del de 2015.
 
Este aumento del déficit tiene su origen en uno de los principales problemas de España: la baja recaudación tributaria respecto a otros países europeos. Según los datos de Eurostat de 2015, la recaudación española supone el 37,8% del PIB y solo hay cinco países de los 27 de la UE que recaudan menos que España -Bulgaria, Irlanda, Letonia, Lituania y Rumanía-, siendo la media europea del 45,2% del PIB. Una baja recaudación que nos sumerge en un déficit estructural ajeno al ciclo económico, que a causa de la bajada de IRPF que impulso el crecimiento del PIB, el pasado año se incrementó en un punto del PIB, y en este 2016 no solo no se va a reducir, sino que se estima que llegará casi al 3%, algo que el gobierno sabe perfectamente, porque nuevamente 2016 vuelve a ser un año electoral, y ante la inminencia de las elecciones, el gobierno de Rajoy y del PP ha puesto en marcha un programa de gasto extraordinario, al mismo tiempo que negocia con Bruselas un incremento del objetivo de déficit 2016 de hasta el 3,6%, aunque se sabe que no se va a cumplir, el propio Banco de España ha señalado un 4,4% del PIB como cifra más probable del déficit en 2016.
 
Y la imposibilidad de atajar el problema económico y la racionalización del Estado tiene su origen en el llamado “Estado de las Autonomías”. España no es un país con un gobierno, una política económica y un Estado, España es un conglomerado informe de 17 pequeñas taifas cada una con un manirroto al frente gastando lo que no saben dueñas. A mediados de abril, el Gobierno elevó el objetivo de déficit autonómico del 0,3% del PIB al 0,7% para este 2016, más del doble del déficit previsto. Este cambio se debe al nuevo objetivo de déficit general pactado con Bruselas para este año, que ha pasado del 2,8% del PIB al 3,6%. Por ello, deja a las autonomías el mismo objetivo de déficit que en 2015, después de que solo tres lograran cumplirlo (País Vasco, Canarias y Galicia). Y ante este disparate, el Ministro de Hacienda Montoro les ha prometido 7.400 millones de euros más para su financiación que en 2015, por lo que se sabe de antemano que las CC.AA. no van a cumplir con su objetivo de déficit, no lo han hecho nunca desde 2008, por lo que si partimos de que las comunidades autónomas arrojan un déficit medio desde 2008 de 1,0 puntos de PIB, al que hay que añadir el propio del Estado, la suma de ambos nos sitúa en el 2,8/2,9 del PIB. Y eso sin contabilizar los miles de facturas que han ocultado las CCAA. Pero el gobierno dice que está seguro de compensar este gasto con el aumento del crecimiento, aunque las cifras del Banco de España y del INE de un crecimiento del 0,7% del PIB no coinciden con nada. Los ingresos en febrero de 2016 son inferiores a los de febrero de 2015 en 3.200 millones, por lo que somos multados con 2.000 millones por incumplimiento, siendo el primer país de la eurozona en ser sancionado. No obstante, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) de la UE, que no ha podido emitir en plazo legal el informe preceptivo sobre el Programa de Estabilidad 2016-2019 que el Gobierno remitió a las instituciones comunitarias europeas, avisó a finales del pasado mes de abril de que será necesario un ajuste de 4.000 millones de euros para cumplir con el déficit, y advertía además, que este ajuste debe hacerse precisamente en el gasto de las comunidades autónomas, por lo que el anuncio de Montoro hecho semanas atrás anunciando un recorte de 2.000 millones, lo que permitiría rebajar en dos décimas el PIB, se queda corto. Evidentemente, es bastante complicado que España alcance el 3,6% de déficit este año, cuando 2015 cerró por encima del 5%, y la Autoridad Fiscal estima en sus cálculos que el déficit público de este año se situará en torno al 4,1%, nueve décimas inferior al 5% del que ha informado el Ministerio de Hacienda para el conjunto del año 2015. Un desfase de 13.000 millones este año.
 
Pero no debe olvidarse que déficit significa gastar a crédito, adquirir nuevas deudas. En España, el pago de intereses representa el 44,4% de nuestra deuda pública total a finales de 2015, y desde 1995 a 2015 hemos pagado intereses que representan el 61,37% del incremento de deuda pública entre esos años. ¿Cuál es la razón por la que hay que llenar el bolsillo de los banqueros? El gobierno, al igual que hace el BCE con los bancos privados, podría financiarse a un coste cercano al 0%. En contra de lo que la gente corriente piensa, la banca privada no precisa disponer de dinero para prestárselo al Gobierno: simplemente lo crean de la nada, lo mismo que hacen cuando prestan a empresas o individuos particulares, la deuda privada, y para colmo manipulando los tipos de interés a los que financian, junto a los fondos de inversión que invierten en deuda pública. Y es precisamente porque el dinero con el que los bancos centrales financian a bancos privados o a los gobiernos viene de la nada, por lo que puede prestarse prácticamente sin interés. Siguiendo al profesor Torres:
 
“Los economistas neoliberales dicen que eso no podría ser así porque se desencadenaría una inflación gigantesca dado que los gobiernos pedirían prestado sin cesar pero este argumento es una completa estupidez. Primero, porque los bancos centrales limitarían su financiación al gasto público que fuese necesario para mantener en equilibrio la economía y, segundo, porque la historia ha demostrado que el dinero es mucho más peligroso en manos de la banca privada que en la de los gobiernos a la hora de crear burbujas y crisis financieras, naturalmente, siempre que los gobiernos estén sujetos al control del que ahora se carece precisamente para que puedan ayudar sin límite a los bancos privados y a las grandes empresas. Eso es lo que nos lleva a decir que se trata de un privilegio injustificado del que goza la banca privada en perjuicio de la población en su conjunto, de un robo legalizado y consentido que sobrecarga y mata a la economía, que destruye empleos y riqueza y que provoca crisis e inestabilidad social constantes. Hay que acabar cuanto antes con el sistema (llamado de reserva fraccionaria) que permite a los bancos crear dinero de la nada produciendo burbujas y sobreendeudamiento constantes, y hay que disponer de bancos centrales que financien a los gobiernos con buen criterio y garantizando el buen funcionamiento de las economía y el uso razonable de los gastos del Estado“ 
 
 
2º) El desempleo.
 
Los indicadores de actividad económica del primer trimestre de 2016, no son nada halagüeños. Dicen así:
  1. Consumo de energía eléctrica corregido (-0,7% vs. +2,5 el trimestre anterior;
  2. Consumo aparente de cemento (-0,5% vs.+5,8 el trimestre anterior), un auténtico desplome de la actividad de construcción;
  3. Matriculación de vehículos de carga fuertemente correlacionado con la inversión (+11% vs. +31% el trimestre precedente);
  4. Sector exterior con datos hasta febrero el saldo comercial es de -2.074 millones vs. -1.869.
Es evidente que el crecimiento se está desacelerando de forma progresiva, y el mercado de trabajo con él. Los datos de desempleo reflejan con precisión lo que está pasando en el mercado laboral durante este primer trimestre del año: aunque la ocupación continúa creciendo no lo hace de forma suficiente para contener el paro (4,79 millones) ni para reducir la tasa de desempleo en relación a la población activa, que ha vuelto a crecer una décima y se sitúa en el 21%, el mayor nivel de la Eurozona tras Grecia. Más concretamente, la ocupación creció en 17.600 personas en el sector público, mientras que descendió en 82.100 en el privado. En los 12 últimos meses el empleo ha aumentado en 513.300 personas en el sector privado y en 61.500 en el público, según los datos de la Encuesta de Población Activa, mientras que la tasa de paro juvenil ha subido hasta el 46,49%, al tiempo que aumenta el número de hogares con todos sus miembros en paro, 54.300 en marzo de 2016.
 
Lo cierto es que con el transcurso del tiempo el desempleo irá disminuyendo por pura ley natural, por extinción, pues la caída de la natalidad está haciendo que cada vez sean menos las personas se incorporan al mercado de trabajo como consecuencia de la caída de la natalidad durante las últimas décadas. El número de activos, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) disminuyó entre enero y marzo en 52.700, hasta los 22,8 millones, mientras que la tasa de actividad baja 14 centésimas hasta el 59,29%. En el último año la población activa ha descendido en 78.400 personas.
 
Se nos podrá alegar que debido a la alta estacionalidad de la economía española, el primer trimestre del año es tradicionalmente malo para el empleo. Pero si se elimina ese factor, en términos desestacionalizados, la variación trimestral es del 0,87%. Es decir, es verdad que se habrían creado puestos de trabajo en los últimos 12 meses hasta alcanzar los 574.800 nuevos empleos, con una tasa anual del 3,29%. Otra cosa es la calidad de ese empleo y su miserable remuneración. Lamentablemente, este aumento del empleo precario y mal pagado no significa un cambio de modelo productivo. La creación de empleo se ha concentrado en las regiones más volcadas en el turismo, Andalucía (130.600 más), Cataluña (104.400) y Comunidad Valenciana (56.500), y en el sector servicios (503.500 ocupados más).
 
Lo cierto es que la tecnología está sustituyendo al trabajo, y esto provoca una demanda del mismo muy inferior a la oferta existente. Ganar en productividad mediante la modernización de la producción con el uso de la tecnología, hace que cada vez el trabajo sea menos demandado. En estas circunstancias, lo que se va a imponer de forma generalizada son unas condiciones laborales de mera supervivencia y una creciente externalización de la oferta de trabajo por subasta a través de Internet, por lo que van a quedar muy pocos trabajadores fijos y aún menos con remuneraciones elevadas, a no ser que aporten un valor añadido a la producción considerable o sean imprescindibles para aportar muchísimo valor añadido. Y aun así, este mercado de trabajo de un alto valor tampoco va a escapar al aumento de la productividad mediante el uso de la tecnología, por lo que en este segmento laboral la oferta también será muy superior a la demanda reduciendo su retribución. En estas condiciones del mercado de trabajo, obviamente el subempleo y la subremuneración van a aumentar, al tiempo que la sobrecualificación del trabajador se va a generalizar, por lo que las exigencias laborales para obtener un empleo se elevarán exponencialmente. Y en este estado de cosas, el aumento del paro estructural está asegurado, un número cada vez mayor de personas expulsadas definitivamente del mercado de trabajo, en el que no pueden integrarse de ninguna manera, por lo que ya ni siquiera van a ser oferta de trabajo porque han dejado de ser necesarias y estarán excluidos del mercado laboral. Así es que una vez se haya completado la destrucción de la clase media, las condiciones laborales de la inmensa mayoría de los contratos, no permitirá salir de la pobreza a los “afortunados” trabajadores que obtengan un empleo.
 
Todo esto va a acabar afectando a todos los sectores de la economía, pues con la caída de salarios, caerá el consumo y el acceso a los bienes producidos, porque el uso masivo de la tecnología y la reorganización de los procesos productivos para adaptarlos a esa tecnología disparará la productividad, y aunque la reducción de costes será aplicada a la reducción de los precios de venta, habrá una masa ingente de personas excluidas del consumo. En este contexto la renta social básica se implantará por necesidad, aunque se nos presentará como un “avance de los trabajadores”, permitirá un consumo básico de subsistencia de bienes y servicios de primera necesidad agudizando la desigualdad y extendiendo la pobreza, generando en muchas ocasiones pequeñas economías cooperativas y de trueque.
 
Así llegaremos a la nueva civilización moderna anunciada en el S. XX, de la que hace unas décadas decía Julius Evola en su Rebelión contra el mundo moderno, que:
 
"Si ha existido alguna civilización de esclavos, esta es precisamente la civilización moderna. Ninguna civilización tradicional vio jamás masas tan grandes condenadas a un trabajo vacío, desalmado, automático: esclavitud, que no tiene siquiera como contrapartida la estatura y la realidad tangible de la figura de los señores y de los dominadores, sino que viene impuesta anodinamente a través de la tiranía del factor económico y de las estructuras de una sociedad más o menos colectivizada.
 
Y ya que la visión moderna de la vida, en su materialismo, ha negado al individuo toda posibilidad de conferir al propio destino algo de transfigurante, de verse un signo y un símbolo, así la esclavitud de hoy es la más dura y desesperada de las que se han conocido".
 
Sin embargo, Evola se equivocaba. En esta etapa del materialismo aún hay otra forma de alienación del ser humano superior a la del trabajo vacío carente de creatividad, otra forma de esclavitud que priva al hombre de sentido, que lo cosifica y expulsa de su condición de humano: reducirlo a ser un esclavo prescindible del beneficio, que vive alienado y expulsado de la sociedad. Por lo que si el futuro del trabajo es el empleo de un número decreciente de trabajadores y de horas de trabajo para conseguir producir más bienes, la remuneración del trabajo tenderá a caer y la recaudación fiscal y las cotizaciones a la Seguridad Social con ella, tal y como ya ha empezado a suceder. La tecnología ha impulsado al capitalismo a un estadio en el que cada vez más, puede prescindir del factor trabajo, que obviamente no va a ser remunerado, enfrentando a un número creciente a un empobrecimiento espectacular de su vida, tanto en lo personal –rentas, consumo– como en lo público –estado del bienestar y derechos sociales–, y esta situación no es un futuro lejano, sino inmediato.
 
 
3º Las pensiones.
 
La caída del empleo y de la remuneración del trabajo, la deflación salarial y los trabajos basura, han provocado un grave y endémico déficit en la Seguridad Social, que será este año de más de 20.000 millones de euros o 1,9% puntos del PIB, y según las estimaciones del Ejecutivo, antes de 2020 se acumulará un agujero financiero que superará los 40.000 millones de euros, consumiendo definitivamente la totalidad del Fondo de Reserva de las pensiones, del que apenas restan unos 34.000 millones. Un déficit que se mantendrá a pesar de la poco realista creación de empleo prevista por el gobierno: 2.000.000 de puestos de trabajo que arrojarían unos ingresos adicionales por cotizaciones sociales de 20.000 millones de euros anuales, pero que no bastarán, por el simple motivo de que los gastos crecerán aún más deprisa, como consecuencia de la negativa evolución demográfica de nuestro país. El mismo INE prevé que dentro de tres décadas habremos pasado de la actual tasa de dos trabajadores cotizantes por pensionista a solo un único trabajador cotizante por pensionista: es decir, la cobertura de las prestaciones sociales contributivas se deteriorará de manera irreversible por mucho empleo que creemos simplemente porque no habrá gente suficiente. En cuanto al Régimen de Trabajadores Autónomos, su situación es igualmente calamitosa, el año 2015 se cerró con un déficit de 6.600 millones de euros, por lo que muy previsiblemente el gobierno que salga de las elecciones impondrá un aumento de las cotizaciones mínimas, en el que se encuentran más del 80% de los cotizantes, para tratar de recuperar el equilibrio temporalmente.
 
Así pues, a corto plazo la crisis va a consolidar un déficit en la Seguridad Social que agotará el fondo de reserva de las pensiones; y a largo plazo, la demografía volverá el sistema completamente insostenible, prolongando su vida con serios recortes a las presentes condiciones de acceso a la jubilación.
 
 
4º La pretendida alternativa: la denominada "nueva política".
 
Los partidos políticos, todos ellos tanto de la “vieja política” como de la “nueva”, son partidarios de continuar cediendo nuestra soberanía monetaria y de mantener la moneda única, y a pesar de ello, pretenden incumplir las reglas de la misma. El programa del PSOE/C's no solo no reduce el déficit estructural sino que lo aumenta, y Podemos propone elevarlo sin límite; y todo ello dentro del sistema euro y con renuncia a la soberanía monetaria lo que directamente nos lleva a la quiebra. Por lo que para evitarlo, el gobierno que saldrá de votar en junio, aplicará un incremento del IVA al 23%, una subida a las cotizaciones sociales de los autónomos y una reducción de las pensiones en un 20%, y con ello el consumo va a caer, la recaudación fiscal a disminuir y los ingresos de la Seguridad Social van a descender.
__________________________
Fuente de la imagen de inicio:
http://economia.elpais.com/economia/2015/12/04/actualidad/1449238609_750698.html
[1] http://juantorreslopez.com

 

 

domingo, 24 de abril de 2016

EL AGUA: EL GRAVE PROBLEMA GEOESTRATÉGICO DE CHINA

El estudio desde una perspectiva geoestratégica de la escasez de agua en China, hace necesaria una aclaración previa que permita diferenciar la diferencia entre Geoestrategia y Geopolítica, dos términos que se suelen emplear juntos o indistintamente, y que aunque son conceptos entre los que existe gran similitud, no por ello dejan de ser diferentes, pues existe entre sí la misma diferencia que hay entre los conceptos de política y estrategia. De esta manera y a fin de distinguirlos, conviene señalar que la Geoestrategia es la incidencia de la geografía en la estrategia mientras que la Geopolítica, es la incidencia de la geografía en la política. Tanto la estrategia como la política se ocupan de la aplicación de los medios a la consecución de unos fines, y aunque los factores geopolíticos y geoestratégicos pueden ser los mismos por su procedencia geográfica, como la Estrategia se ocupa del ámbito de la acción y la Política pertenece a la esfera de la decisión, la aplicación de dichos factores es distinta, según se refieran a lo estratégico o a lo político. Así por ejemplo, los recursos hídricos son un factor común a la geoestrategia y a la geopolítica, pero su consideración es diversa según la perspectiva estratégica o política desde la que sean considerados. 
 
En 1978 Deng Xiaoping inició su programa de reformas buscando usar el las fuerzas productivas los medios del mercado capitalista para lograr los objetivos socialistas. El objetivo inmediato era alcanzar con rapidez el mayor desarrollo económico, empleando los métodos más eficaces disponibles, para alcanzar la base material que permitiera construir el socialismo real. Lógicamente, el poder político debía permanecer en el seno del PCCh. Pero lo que realmente se produjo no fue la construcción de los cimientos del socialismo, sino el proceso de desarrollo capitalista más salvaje de la historia. China es un caso de contradicción política sin igual, pues mientras mantiene un régimen de partido único nominalmente comunista, ha formado un sistema económico de claro capitalismo intervencionista, y en muchas ocasiones de capitalismo de Estado, al que presuntuosamente han dado en llamar: economía socialista de mercado.
 
A comienzos de la década de 1990, la economía capitalista estaba sólidamente establecida en China, haciendo del afán de lucro el principal criterio para juzgar el éxito o el fracaso de todas las empresas económicas, integrándose en la economía capitalista mundial, y ello inevitablemente tiende a remodelar las relaciones económicas y sociales internas de acuerdo con dichos principios capitalistas. El proceso de industrialización generó un enorme mercado de trabajo en las ciudades, lo que forzó la emigración del campo a la ciudad de cientos de millones de campesinos, lo que provocó su proletarización, que fueron forzados a ello por la nueva mercantilización de la tierra y por la destrucción del sistema de derechos sociales denominados el “tazón de arroz y de hierro”[1], procediendo a establecer un sistema de propiedad privada de los medios de producción, primero en el campo a través de formas variadas de tierras “contratadas”, y luego en las empresas urbanas y en las propiedades inmobiliarias. Esta política de reformas económicas y apertura al exterior alcanzó su apogeo el 11de diciembre del 2001, cuando China se incorpora a la Organizaron Mundial del Comercio (OMC), tras quince años de negociaciones, en los que los sucesivos gobiernos chinos se fijaron como objetivo un calendario de reformas internas acompasado con los planes y objetivos nacionales, que no se limitaban simplemente a entrar en la OMC y obtener excepciones para aquellos sectores necesitados de protección, sino que todo el proceso de reforma iba encaminado a colocar a China al mismo nivel que las grandes economías desarrolladas occidentales. Estas reformas de ejecución a largo plazo han quedado definidas en los debates del XVII Congreso del Partido Comunista de China que tuvo lugar en octubre de 2007 y, más recientemente, en la XI sesión del Congreso Nacional Popular en marzo de 2008. De esta manera, en tan solo treinta años la economía China ha sufrido una transformación desde un sistema cerrado al comercio exterior, con una economía planificada socialista, con un sector agrícola preponderante que ocupaba a la mayoría de la fuerza laboral. En tan solo treinta años, el sector industrial y en menor medida el de servicios, han sufrido una transformación total generando un crecimiento sostenido del PIB de una media del 9%, sacando de la pobreza a decenas de millones de personas. El proceso de desarrollo y modernización del sector industrial chino, ha llevado a término las sucesivas revoluciones industriales en Occidente desde 1830 en menos de tres décadas, y ha colocado a China en este comienzo del siglo XXI en las puertas de una sociedad de consumo moderna con una red de infraestructuras muy desigual, con una clase empresarial dirigente cualificada y una incipiente clase media dispuesta a crear un mercado interno de consumo y el desarrollo del sector de los servicios. 
 
En el Sur de China se encuentra el 80% de las reservas de agua del país, la mayor parte en la cuenda del Yangtsé, una región de la que proceden los recursos de agua dulce de China, alrededor de 2.000 metros cúbicos per cápita, que representan un tercio del promedio global. La mayor parte de la demanda de agua en China, ha sido tradicionalmente cubierta con el agua procedente de la cordillera del Himalaya, conocida también como el Tercer Polo de la Tierra, en donde los glaciares son cada vez más pequeños y no producen un flujo de agua continuo, un lugar en donde nacen los tres grandes ríos que cruzan el país:
 
- El Mekong, que atraviesa China, Birmania, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam hasta su desembocadura en el Golfo de Tailandia;
- El Yangtsé, el tercero más largo del mundo tras el Nilo y el Amazonas; y
- El Huanghe o Río Amarillo, con cerca de 5.500 km de largo, es el segundo río más grande de China y el que contiene más arena del mundo, cuyas aguas son inservibles para el uso agrícola o industrial.
 
 
Por el contrario, el Norte de China es una región llana y seca en la que vive la tercera parte de su población, incluyendo Pekín. En esta región, las capas freáticas bajan de dos a tres metros por año y plantea riesgos serios para la agricultura. De las 22 provincias de China, 11 padecen graves problemas de suministro de agua, queriendo decir ellos tienen menos de 1.000 metros cúbicos del agua por persona un año desde 2012, llevando la escasez a la población rural a regar sus terrenos con aguas residuales. Una de las fuentes principales de agua del norte, el Huanghe, se ha secado cada año durante las tres décadas pasadas, antes de alcanzar el mar. En Hebei, la provincia contigua a la de Pekín, se han secado 969 de sus 1.052 lagos, y si la extracción de aguas subterráneas en el Norte sigue en los niveles actuales, en 15 años no habrá ninguno. Esta situación es la consecuencia del rápido desarrollo de las áreas urbanas, resultado del incremento exponencial de la población, lo que ha llevado al gobierno a ordenar cortes de agua no sólo en Pekín, sino también en muchas otras ciudades del noreste de China. Un cúmulo de problemas amenaza el crecimiento y la estabilidad de la segunda economía del mundo. Y las proyecciones demográficas y de desarrollo urbano, lejos de mejorar la situación en los próximos años tienden a empeorarla, pues para 2020 se espera que las grandes ciudades acojan al 60% de la población, lo que supone la llegada de 350 millones de personas a las grandes áreas urbanas procedentes del medio rural. A esto hay que añadirle el riego de los cultivos y la demanda del vasto tejido industrial, que en la actualidad generalmente se lleva a cabo a través de un sistema de cañerías ineficiente. Y al problema del abastecimiento urbano, se suma el referido a la producción de energía, ya que el 75% de le energía que consume la nación procede de la combustión de carbón, y se emplea en su producción la sexta parte del consumo total de agua del país, y el problema va en aumento. Para 2040 se espera que la demanda de energía total de China sea más del doble de la actual, y dos veces la de los EE.UU., por lo que el reflejo económico de la escasez de agua en China es inmenso, se calcula que el coste anual de los problemas de agua suponen un 2,3% del PIB, pero es probable que sea aún más elevado. Según un informe de 2012 del banco HSBC, más del 45% del PIB chino se produce en provincias con escasez y recortes de agua y afectando a más de 300 millones de personas.
 
Río Huanghe o Amarillo (Fuente: http://confuciomag.com/huanghe-rio-amarillo)
Estas décadas de crecimiento económico descontrolado han agotado o contaminado gran parte de los acuíferos destinados a abastecer a la población, una quinta parte de la población mundial. Una gran parte de la energía empleada en este impulso industrial ha tenido su origen en el consumo de carbón, que ha producido que las explotaciones carboníferas demanden cantidades inmensas de agua, lo que a su vez ha provocado la lenta desaparición de ríos y acuíferos, lo que combinado con un crecimiento caótico de las ciudades y una red de abastecimiento de agua que genera un gran desperdicio de agua y un sistema de almacenamiento obsoleto, ha llevado a la desaparición de más de 27.000 ríos desde los años 50 del siglo pasado, y ha dejado contaminados el 75 % de los lagos y aguas litorales y cerca de 280 millones de ciudadanos chinos beben agua considerada insalubre y cerca de un 60 por ciento de los acuíferos subterráneos están seriamente afectados, dejando al país asiático con menos del 7% de las reservas globales y una demanda creciente por parte del 20% de la población mundial. Pero la demanda de agua derivada de las explotaciones carboníferas no es la única consecuencia visible de las consecuencias que el desarrollo chino ha tenido sobre las reservas de agua del país, sino que el aumento de la población y el consecuente crecimiento de los asentamientos urbanos son otra de las principales causas del problema, una suma de factores que parecen empujar a la segunda economía del mundo a su próxima gran crisis: la crisis del agua.
 
Las previsiones oficiales del gobierno chino indican que la demanda de agua superará a la oferta en 2030, pero atendiendo al ritmo al que crecen las ciudades de segundo y tercer nivel, es muy probable que esto ocurra mucho antes, por lo que en la actualidad se ha empezado a racionar el consumo de agua con cortes selectivos en distintas grandes ciudades, una situación que se ha ido generalizando en la mayoría de las urbes chinas y que inevitablemente irá a más.
 
El Proyecto de trasvase de agua Sur-Norte (SNWDP).
 
El gobierno chino es consciente de la crisis a la que se enfrenta, y trata de resolver la situación con una de las mayores obras de ingeniería conocidas, que dio comienzo en 2002: el trasvase de agua desde el sur al Norte del país. Este trasvase está basado en una idea de Mao Zedong, quién poco después de tomar el poder a mediados del siglo XX, dijo que China “debía de llevar el agua de donde había (Sur) a donde no la había (Norte)”, una idea que fue abandonada por falta capacidad y de medios para su ejecución. En 2002 se retomó el plan para llevar agua desde la parte meridional del país hasta la zona norte, dividido en tres secciones. Esta obra de ingeniería tiene como objetivo final proporcionar casi 45.000 millones de metros cúbicos anuales a más de 400 millones de habitantes, desplazando para su ejecución a cerca de medio millón de personas. El primer tramo del Proyecto de desviación de Agua de Sur-Norte (SNWDP), que afecta a los recursos procedentes de la provincia de Hebei, en el centro de China, y que recoge agua del curso bajo del río Yangtsé, en el sur, entró en funcionamiento el 10 de diciembre de 2014, comenzó a funcionar, suministrando agua a más de 30 millones de personas de Pekín, Hebei, Henan y Tianjín, estando en ejecución dos tramos más, el Oriental y el Occidental. El volumen de agua que mueve este tramo, es superior al del río Támesis. Pero con el trasvase la contaminación de los acuíferos no se ha detenido, y este es el principal problema a medio y largo plazo, ya que multitud de industrias siguen contaminando los ríos a lo largo de su curso, por lo que el gobierno chino no puede garantizar que tanto los ríos como las aguas subterráneas de China sean seguras, y tampoco puede garantizar que el crecimiento y el desarrollo de los nuevos emplazamientos urbanos se lleve a cabo de una manera planificada y sostenible, por lo que las reservas de agua consideradas seguras siguen disminuyendo. Una situación que se complica además, porque China tiene una infraestructura de distribución urbana de agua y una potabilización de los recursos hídricos obsoleta, por lo que como el propio Ministerio de Recursos Hídricos de China ha reconocido, con el trasvase no se resolverá el problema del abastecimiento de agua forma permanente.
 
http://qz.com/158815/chinas-so-bad-at-water-conservation-that-it-had-to-launch-the-most-impressive-water-pipeline-project-ever-built/
El trasvase tiene como objetivo desplazar 44,8 mil millones de metros cúbicos anuales de agua de Sur a Norte, un volumen superior al del río Támesis, a través de algunos canales más largos en el mundo. El proyecto supone la mayor transferencia de agua de toda la historia, tanto por el volumen del agua trasvasado, como por la distancia a la que se desplaza, un total de 4.350 kilómetros, la misma distancia aproximada que hay sobre la distancia la costa Este y Oeste de América del Norte. El trasvase afecta a 15 provincias y supone el desplazamiento de más de medio millón de personas, y el coste de su ejecución está presupuestado en 60.000 millones de dólares, cantidad que muy probablemente será ampliamente superada. Esta obra de ingeniería, pondrá de manifiesto los límites de la capacidad del gobierno chino para resolver un problema geoestratégico de primer orden como supone satisfacer las necesidades de agua de la población y la economía china, a la que puede marcar un límite material en su desarrollo.
 
El proyecto está diseñado como una estructura en forma de rejilla de canalizaciones de agua, que permite enviar dirigir el suministro casi en cualquier dirección a través del sistema Esta red de canales, consiste en el siheng sanzong, literalmente "cuatro horizontales, tres verticales", que permiten que las aguas del Yangtsé, Huanghe, Huai y Hai circulen del Oeste al Este, y otras tres rutas que se han trazado del Sur al Norte con una longitud de 1.500 kilómetros, tanto por canales naturales como por artificiales. La primera rama, la ruta del Este, comenzó en 2012 a transferir el agua del Yangtsé en la provincia Jiangsu, a las ciudades secas de la provincia Shandong. La segunda comenzó a llevar el agua de China central a Pekín y otras ciudades del Norte en 2014; y la tercera, une el Yangtsé con el Huyanghe cruzando las montañas de Sichuan y Qinghai, que se elevan entre 3.000 y 5.000 metros.
 
Las tres secciones en las que se divide el Proyecto de desviación de Agua de Sur-Norte (SNWDP).
Fuente: http://qz.com/158815/chinas-so-bad-at-water-conservation-that-it-had-to-launch-the-most-impressive-water-pipeline-project-ever-built/
La realidad ha demostrado que la idea de Mao es mucho más compleja de ejecutar de lo que el líder comunista suponía, ya se ha desplazado a 345.000 personas de las 500.000 previstas a otras regiones para su reubicación, el mayor desplazamiento de población por un proyecto de infraestructura desde que se desplazó a 1,4 millones de personas para la construcción de la presa de las Tres Gargantas en el Huanghe. Pero el gobierno está ignorando el impacto de las reubicaciones masivas y forzosas de población, y además se está arriesgando a largo plazo el caudal de los dos ríos más importantes del Sur y a la población que depende de su cauce para su supervivencia, aunque la previsión del gobierno es que cuando las tres rutas estén terminadas, el Yangtsé sólo perderá aproximadamente el 5 % de su caudal, unos 29.400 metros cúbicos de agua, que es lo que vierte en el océano cada segundo. Pero la realidad es que en el caso del Yangtsé, la cantidad de agua que se calcula va a ser trasvasada para la ruta central está basada en los cálculos del flujo de agua del río Han, afluente del Yangtsé, habidos entre 1950 y 1990, y desde entonces los cauces se han hecho menos constantes y las temperaturas crecientes han hecho más frecuentes las sequías en el Sur del país, sin embargo, los cálculos dela gua a trasvasar no han sido ajustados. Y la realidad es que el caudal de agua del Yangtsé ha estado cayendo también. En 2012, los investigadores chinos encontraron que la cantidad del agua que entra en el Yangtsé desde los glaciares de la meseta tibetana, habían caído el 15 % durante las cuatro décadas pasadas. Y en el año 2009, las reservas totales de agua dulce en la cuenca de este río, habían caído desde 2005 el 17 %, según el Anuario Estadístico de China. Además, el Yangtsé ve un flujo de agua muy inferior al habitual durante los meses secos del año, afectando a la navegación y al ecosistema del río, lo que ha forzado a cavar una vez al año en el lecho del erío para darle profundidad y permitir la navegación fluvial. Y un volumen inferior de caudal de agua tiene un coste añadido, pues también significa una mayor salinidad del agua en el estuario de la desembocadura del Yangtsé, lo que impone unos gastos más altos a las fábricas situadas a lo largo de la orilla, para desalar el agua e incorporarla a su proceso de producción. Un uso industrial que añade un alto nivel de contaminación del agua, que impide el consumo humano y ganadero, y que al ser trasvasada al Norte podría provocar un deterioro generalizado de la salud provocando serias enfermedades. A este problema se le ha querido buscar solución mediante el tratamiento de las aguas negras de las fábricas en dos algos que funcionan como punto de transferencia del agua trasvasada. Con lo que finalmente nos encontramos con que la canalización del agua para su trasvase, provoca a su vez nuevas canalizaciones del agua trasvasada para su tratamiento, prolongando y encareciendo el proceso pues en caso contrario sería inútil haber llevado el agua al Norte, generando la necesidad de un aluvión de proyectos suplementarios de ingeniería imprevistos, en los que insisten los funcionarios del partido Comunista de cada provincia atravesada por el trasvase, preocupados por la pérdida del agua en sus respectivas regiones, lo que ha llevado a su vez a la construcción de casi 1.000 presas sobre el río Han y sus afluentes y otros proyectos sobre Yangtsé, lo que además se aprovecha para triplicar la generación de electricidad, por lo que muchos ríos chinos simplemente no fluirán en 10 años. Al final, lo único que han logrado ha sido crear una red de proyectos de toman el agua de un río para rellenar otro vaciado previamente, han creado un nuevo problema sin llegar a solucionar ninguno. Un ejemplo de estos proyectos encaminados a resolver problemas creados con el SNWDP, es la construcción de un nuevo trasvase para transferir el agua del Yangtsé al Han, para suministrar agua a las ciudades río abajo del Depósito de Danjiangkou, y junto a este nuevo canal hay 14 nuevas presas sobre el río Han y otras 353 sobre el Yangtsé, haciendo de este río el segundo del mundo en interrupciones en su curso de agua. A su vez, la ruta central suministrará 1,24 mil millones de metros cúbicos de agua al año a Pekín, lo que no basta para cubrir el déficit anual de la ciudad de 1,5 mil millones de metros cúbicos. Un déficit que va en aumento, ya que como la población de la ciudad está en constante aumento, su necesidad de agua también aumenta, y lo hace más rápido de lo que el proyecto de trasvase puede hacerlo. Y el futuro no se presenta prometedor. El Instituto de Investigación del agua e Hidroeléctrica estima que la demanda total de agua en el Norte de China, alcanzará 203 mil millones de metros cúbicos hacia 2050, del cual el SNWDP sólo suministrará poco más de un cuarto.
 
Vista de un tramo de las Tres Gargantas en el Huanghe.
(Fuente: http://confuciomag.com/huanghe-rio-amarillo)
En cuanto al resultado económico de esta faraónica obra, por ahora cabe decir que el SNWDP está añadiendo al crecimiento del PIB chino entre el 0,12% y el 0,3%, lo que reporta una ventaja económica sustancial, al crear hasta 600.000 empleos. Pero este beneficio económico se ve compensado con los gastos que supone el proyecto, que crecen rápidamente debido a la necesidad de instalar docenas de plantas de tratamiento de aguas negras, nuevos canales, etc., que ha superado los 500.000 millones de yuanes, unos 60.000 millones de dólares al tipo de cambio de 2002, momento del comienzo de la construcción, lo que triplica el coste de la presa de las Tres Gargantas, pudiendo ocurrir finalmente, que se hubieran enterrado cantidades ingentes de recursos en una red de canales y estructuras a través del país que terminara por no resolver ninguno de los problemas que motivaron su construcción. Y la financiación del proyecto significa que los residentes de Pekín que pagan actualmente 4 yuanes (0,66 dólares) por metro cúbico del agua, tendrán que pagar alrededor de 10 yuanes por metro cúbico. Hasta ahora, el agua de la ruta de Este cuesta hasta 2,24 yuanes por metro cúbico, pero el precio final será mucho más alto. En definitiva, el aumento del coste del agua podría afectar muy negativamente a los costes del agua para las fábricas, elevando los costes de producción y reduciendo la competitividad de la industria china en el exterior. Pero si no se amortiza el coste de construcción de la totalidad del proyecto principal y los subalternos del SNWDP, podría ser una catástrofe económica para el gobierno, pues aproximadamente el 45% del proyecto es financiado por préstamos bancarios. Todo esto pone en entredicho la rentabilidad económica del proyecto.
 
Proximidades del depósito de Danjiangkou Dam en la provincia de Hubei. (Reuters/Stringer)
Lo cierto es que el SNWDP es otro ejemplo de la inclinación comunista a la megalomanía, y no hay que perder de vista que la mayor parte de los miembros del Comité Central del Partido Comunista de China son ingenieros, ocho de los nueve miembros del comité permanente del Politburó anterior eran ingenieros, incluyendo al ex-Presidente, Hu Jintao, que era un ingeniero hídrico, por lo que sienten gran predilección por los grandes proyectos desarrollados en este medio. Pero más que una manifestación de la capacidad de los comunistas chinos para resolver un problema de la magnitud del presente, es un síntoma de la debilidad del sistema mixto capitalista-comunista chino, al haber conducido al país a una situación de derroche, pésimas infraestructuras, desarrollo urbanístico irracional, alta contaminación y deterioro del medio ambiente de muy difícil solución. Y los intentos de corregir los errores cometidos por medio de sanciones económicas a las industrias contaminantes, chocan de forma relativamente frecuente con la corrupción de los funcionarios locales.
_____________________
[1] Es un término despectivo que utilizaban los reformistas partidarios del mercado, para referirse al sistema de seguridad de empleo y a los beneficios de seguridad social de los que gozaban una parte de la clase obrera urbana.

lunes, 28 de marzo de 2016

LA ECONOMÍA CAPITALISTA ANTE LA CRISIS FUTURA


El desastre económico sufrido por el capitalismo en 2008, ha tenido un impacto sobre la economía mundial equivalente al que supuso la Segunda Guerra Mundial, pues con él ha desaparecido el 13% de la producción global y el 20% del comercio internacional, provocando en la economía occidental la contracción económica más prolongada desde la crisis del 29. Y en contra de lo que se pretende hacernos creer a diario por los políticos y los grupos de comunicación de masas, especialmente las cadenas de televisión, estamos muy lejos de asomarnos a una nueva era de bonanza económica.

La codicia del sistema bancario y financiero fue la responsable del desplome económico de 2008, cuando se puso de manifiesto que durante años venían ocultando deudas carentes de solvencia en productos financieros valorados como de absoluta solvencia por las agencias de calificación por entidades bancarias cuyos responsables últimos se encuentran en paraísos fiscales a salvo de las consecuencias que finalmente se derivaron para los fondos de pequeños ahorradores y de pensiones. Lo que se ha dado en llamar el sistema bancario en la sombra. Desde que a mediados de 2015 se publicó Crónicas del austericidio[1], en el que exponía las consecuencias de la idea básica del sistema neoliberal de que el mercado se corrige solo, vengo observando cómo las contradicciones propias del capitalismo gestan el embrión de la nueva crisis, tras haber conseguido apuntalar y estabilizar en un precario equilibrio el sistema capitalista, a base de incrementar la deuda pública hasta igualar el 100% del PIB en muchos países, en España lo ha superado largamente lo que forzado el maquillaje del sistema de cálculo para difuminar la quiebra del Estado, y de imprimir dinero por un importe que ronda la sexta parte de la producción mundial de bienes y servicios. El sistema capitalista ha conseguido detener la caída deshaciéndose de una deuda incobrable, asumiendo los estados la deuda privada para convertirla en soberana, creando entidades financieras ad hoc respaldadas por los bancos centrales y los gobiernos para dotarles de alguna credibilidad. Y para soportar esta carga financiera, se han adoptado las decisiones políticas recogidas bajo el término austeridad, forzando una devaluación interna tanto en los países más desarrollados como en los periféricos, y de forma más acusada en los de la zona euro, haciendo recaer el peso del pago de la deuda sobre los trabajadores y los perceptores de rentas del sector público: pensionistas, trabajadores públicos, subsidios de desempleo y titulares de ayudas públicas por razones de exclusión social. Además de la reducción de las rentas del trabajo y de las prestaciones sociales, se ha prolongado la vida laboral para mantener el período de cotización y retrasar la edad de jubilación y el consiguiente acceso a una pensión, y se ha reducido la inversión en I+D+I y en infraestructuras públicas, lo que ha provocado la caída de los salarios en Japón, EE.UU., el sur de la zona euro y el Reino Unido. Es decir, para mantener en equilibrio el sistema capitalista, ha sido necesario destruir o minorar los derechos sociales y el Estado del bienestar, por lo que podemos afirmar que la esencia del neoliberalismo radica, no ya en coyunturales recortes de gasto, sino en la incompatibilidad entre los derechos sociales y el salario digno, y el equilibrio del sistema capitalista. De ahí la continua ofensiva contra el salario mínimo, los convenios colectivos y las organizaciones sindicales verdaderamente reivindicativas de estos derechos, llevada a cabo desde los think tank neoliberales y los medios de comunicación que les son afines. El verdadero objetivo del neoliberalismo dentro del proyecto que conocemos como globalización, es reducir los salarios y el nivel de vida en Occidente para su homogeneización con los de las clases medias de los países emergentes de los BRIC’s.

En tanto el proceso de homogeneización de las condiciones de las clases medias de los países desarrollados con las de los países emergentes avanza, las condiciones para una nueva y ya cercana crisis se consolidan. La deuda total de bancos, empresas, Estados y hogares alcanza ya los 57 billones de dólares, sólo EE.UU. ha generado en estos ocho años una deuda de 17 billones de dólares mientras que el Banco Central Europeo sigue inyectando 16.000 millones de euros mensuales, sin que hayan conseguido reactivar la economía occidental que sigue estancada. Una abundancia de dinero que ha disparado la burbuja inmobiliaria en China y la deuda pública en todo el planeta, con una evidente pérdida de valor y credibilidad de las monedas, que está llevando a Rusia y a China a vender buena parte de sus reservas de dólares y comprar cantidades masivas de oro. Este aumento exponencial de liquidez ha favorecido la extensión del sistema bancario en la sombra, y ha forzado a retrasar la entrada en vigor de las normas que obligan a aumentar el coeficiente de caja bancario. Y con todo ello, el 1% más rico de la gente es cada vez más rico.
 
La solución a una futura crisis bancaria ya no puede ser su traslado a los Estados, no tienen capacidad para asumirla; entonces, ¿qué solución queda? El neoliberalismo ya ha dado respuesta a esta pregunta en 2013 con la crisis chipriota: si un banco quiebra todos los depósitos bancarios desaparecerán; y si es un Estado el que quiebra, su población se verá reducida a la pobreza más absoluta y será sometida al pago de la deuda por encima de cualquier otra consideración. 
 
Al final, el remedio a la crisis de 2008 ha sido peor que la crisis en sí, pues el crack de 2008 hubiera terminado con un sistema bancario insostenible, pero el remedio ha aumentado aún más el problema y ha agotado la capacidad de la economía para soportar las contradicciones del capitalismo. En todo caso, lo que ha quedado demostrado es que la supervivencia del sistema capitalista, implica necesariamente la destrucción de los derechos de los trabajadores en las economías occidentales.
_______________________________________
[1] Fernández-Cruz Sequera, Francisco José. Crónicas del Austericidio, Editorial EAS. Alicante. 2015. 

domingo, 28 de febrero de 2016

EL ACTUAL ESCENARIO GEOESTRATEGICO MUNDIAL (III)

3º) La aparición de nuevos actores influyentes en la escena geopolítica.

El mundo asistió al final de la Guerra Fría, y al paso de la bipolaridad de este enfrentamiento a la hegemonía unipolar norteamericana, en la creencia errónea de que se abría una etapa de “pax americana” que se caracterizaría por la reducción de los conflictos y el aumento de las relaciones comerciales y diplomáticas pacíficas, bajo el poder moderador y disuasorio del imperio americano. Bastó un breve lapso de tiempo para cerciorarse de que la caída del comunismo soviético había dejado un vacío de poder que rápidamente desembocó en las antiguas regiones por el caos, la aparición de los “señores de la guerra” locales y el desequilibrio de las regiones en las que se acumulan las reservas mundiales de recursos energéticos. En esta vorágine desencadenada por el control del poder estratégico, han sucumbido regímenes políticos y estados -como Iraq, Afganistán o Siria- ante la torpeza y la ambición de los EE.UU.

La hegemonía imperial norteamericana tras el fin del mundo bipolar, la expansión del modelo político liberal norteamericano y la llamada globalización del sistema capitalista, muy lejos de conducir a la estabilidad y a la expansión económica mundial que esperaban los afines a las llamadas democracias, han abocado a un mundo cada vez más inseguro y violento en el que se han multiplicado los peligros de todo orden. Tras un período inicial de pujanza tras la victoria sobre los fascismos europeos, a partir del comienzo de la década de los setenta del pasado siglo, la economía capitalista entró en un período de fragilidad, que desde 2008 se encuentra en una profunda y prolongada crisis recesiva en la que ha destruido los sistemas de bienestar social que había en Europa, subiendo a niveles de récord los datos sobre desempleo, desigualdad y pobreza. Una crisis de la que no se sabe cuándo se va a salir, y en realidad, ni siquiera sabe si va a hacerlo o si finalmente conducirá al desplome del sistema económico internacional, debido a las políticas económicas neoliberales de la llamada “austeridad”. Así es como el mundo de la decadente hegemonía imperial de EE.UU., se debate entre la recesión y la guerra

A) Los Brics y el giro a Oriente de la economía mundial.

Las potencias emergentes de los BRICS apuntan hacia otra geometría política, económica y militar en el mundo, que sustituya a la de EE.UU. y sus aliados. Los países iberoamericanos han comenzado a crear nuevos foros al margen de las instituciones internacionales dominadas por el imperio. El Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuentan con la participación directa de Brasil en los BRICS y con los acuerdos firmados entre países de la región con China y con Rusia, mientras que el primer país hispanohablante, México, tan lejos de Dios y tan cerca de los EE.UU., se autodestruye al configurarse como un Estado fallido pagando el precio por sometimiento a su vecino del norte.

El tercer elemento a tener en cuenta geoestratégicamente es la aparición de nuevos polos de poder tanto económicos, como políticos y militares. Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), junto con los países hispanoamericanos apartados de la influencia política de su vecino del norte, son los eslabones de un mundo económicamente multipolar, que comienzan a establecer una nueva geopolítica mundial. Los BRICS representan el 50% del PIB mundial, y su pujanza en todos los aspectos plantea nuevos desafíos a los EE.UU. y a sus vasallos europeos. Son países en los que el crecimiento económico de las últimas décadas ha permitido la aparición de sociedades desarrolladas en las que ha existe una nueva clase media, cuyos sistemas de valores no guardan relación alguna con la mentalidad judeocristiana occidental, y que con su existencia, demuestran que el éxito económico es posible fuera de los sistemas de democracia capitalista occidental, basados en la arquitectura institucional internacional establecida al término de la Segunda Guerra Mundial en las Conferencias de San Francisco (ONU), o en los anteriores acuerdos de Bretton Woods en los que se crearon el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Para las potencias emergentes, el orden internacional es injusto por su falta de representatividad y de transparencia, ya que no reflejan la realidad del actual reparto de poder. Para ellos, carece de sentido que países de segundo orden como Francia o el Reino Unido sean miembros permanentes del Consejo de Seguridad y que no lo sea la India, o que Italia tenga el mismo número de votos que China en el Banco Mundial. Y ante la resistencia de los aliados occidentales a los cambios, están creando organismos paralelos en los que los excluidos son los EE.UU. y sus aliados occidentales.

Las recientes cumbres de la Organización de Cooperación de Shanghái ponen de manifiesto el comienzo de una nueva etapa en las relaciones entre Rusia y China, en la cual lejos del enfrentamiento de hace unas décadas, han descubierto la complementariedad de sus intereses frente a la hegemonía de EE.UU. en los ámbitos económico, político y militar. Mientras China le añade peso económico a la Organización de Cooperación de Shanghái, la participación de Rusia le atribuye un importante papel político, y contribuye a una cooperación más estrecha en su aspecto militar. Además, la próxima inclusión de dos nuevos miembros -India y Pakistán- lanzado en la última cumbre de la OCS, contribuirá a la creación de un espacio económico que podrá competir con éxito a la UE y está en condiciones de restar influencia al imperio de EE.UU. en Asia. En este escenario de auge de nuevas potencias, se ha producido un hecho destacable como es el desplazamiento de la actividad económica mundial al Pacífico. Este nuevo eje económico asiático está encabezado por China, que tras ser refundada por Deng Xiao Ping se enfrentó una liberalización económica propia de la Escuela de Chicago, pero siendo dirigida de forma colegiada por la dictadura del Partido Comunista, en una rigurosa aplicación del principio de "un país con dos sistemas".
 
La reacción de los EE.UU. para mantenerse frente al empuje asiático no se ha hecho esperar, y tras cinco años de negociaciones, EEUU y once países del Pacífico (entre ellos Japón y Australia) firmaron en octubre de 2015 el Trans-Pacific Partnership (TPP) que afecta el 38% de la economía mundial con unos beneficios aproximados de 233.000 millones de dólares al año, de los que 77.000 millones llegarán a los EEUU. Lograr la firma de este tratado ha sido uno de los objetivos primordiales de la administración Obama durante su segundo mandato, pero no ha sido el único objetivo de su política comercial, pues aguarda la firma del TIP o Transatlantic Trade and Investment Partnershipcon (TTIP) con la UE, que afectará a la economía de España hasta el punto de transformarla por entero. El problema para los europeos es que si las naciones del Pacífico minimizan sus barreras para comerciar con EEUU y Europa las mantiene, la competitividad de las empresas del Viejo Continente se verá dañada, porque la economía norteamericana ha virado hacia Oriente, y el proceso podría acelerarse si Europa no reacciona de forma eficaz. La posición oficial de la UE es que la firma del TTP ayudará a la firma del tratado del Atlántico con Europa. Cecilia Malmström, Comisaria de Comercio de la UE, tras la firma del acuerdo asiático aseguró que la firma del TPP permitirá que la potencia norteamericana se centre en las negociaciones con Europa, y la mayor organización empresarial europea que agrupa a las organizaciones patronales europeas, Business Europe, apoyó el nuevo impulso que recibirían las negociaciones del TTIP.

Pero las ansias del capitalismo europeo por alcanzar un acuerdo no encuentran el mismo eco en los EE.UU., pues la administración Obama ya ha logrado el más importante de los objetivos de su política comercial que estaba en Asia y, además, estamos en un año electoral en el que se renovará la presidencia de los EE.UU. por lo que existen pocas probabilidades de que se llegue a firmar este tratado. Y aún hace más improbable que se alcance, la falta de unanimidad en el apoyo al tratado atlántico de los congresistas americanos, ya que las industrias afectadas por los niveles de exigencia y calidad europeos presionan a sus congresistas para que se opongan. A su vez, en Europa las fuerzas políticas del stablieshment han llegado a un consenso en favor del TTIP, pero la extensión de la desigualdad y la pobreza han reforzado las posiciones políticas de quienes a izquierda y derecha se oponen a la burocracia del capitalismo europeo, y la oposición a este acuerdo es un eje de las nuevas fuerzas políticas, ya que el TIPP supone la privatización de la soberanía nacional de los países firmantes.

Según los cálculos del Centre for Economic Policy Research (CEPR)[1], los beneficios del TTIP que eventualmente podría arrojar el tratado alcanzan los 119.000 millones de euros al año para Europa y unos 95.000 millones para EEUU. Las exportaciones europeas a los EE.UU. podrían crecer un 28% y el total de ventas al exterior subiría un 6%. Lo que no se sabe es cómo se distribuirían esos beneficios, ni de qué manera afectaría a las exportaciones y aun es más desconocido cómo se crearían los puestos de trabajo que se dice que el tratado generaría, ni en qué lugar ni en los sectores de producción en los que se generarían. Por el contrario, lo que sí es conocido es que muy diferentes sectores de producción se verían afectados negativamente, especialmente los menos especializados y con la mano de obra menos cualificada y peor retribuida, que a su vez coinciden con las industrias menos competitivas y más protegidas, pero que se encuentran organizadas para presionar a los gobiernos nacionales apelando a la soberanía nacional, incluso a costa del interés general.

Pero no debemos suponer que porque el TTIP tenga obvias consecuencias de orden económico, es un tratado referido a una eventual modificación de la política comercial o arancelaria, sino que su objetivo es un cambio legislativo que afecta de lleno a la soberanía nacional, a la que el neoliberalismo nuevamente sacrifica a fin de abaratar y agilizar el comercio en exclusivo beneficio de los propietarios de los grandes capitales de las multinacionales. La idea de los negociadores sería que las empresas que obtengan permiso para operar en la UE o en EE.UU. lo obtengan de forma casi automática para ambos espacios económicos, lo que supone una reducción de costes y un aumento de la competitividad, y ello requiere una homogeneización de la normativa comercial, laboral y medioambiental que redundará en beneficio de las grandes empresas y en perjuicio de los trabajadores y consumidores del mucho más exigente espacio europeo.

En todo caso, lo que ya es un hecho es que el centro de la actividad económica mundial ya no es el espacio atlántico, sino el del Pacífico, en donde China comienza a afirmarse en el terreno estratégico y militar desde un perfil bajo que va en aumento, gastó el año 2015 un 12,2% más interanual en defensa, lo que produce los recelos de Corea, Filipinas, Japón o Vietnam, haciendo del Mar de China uno de los lugares más tensos del planeta. 


[1] El Centre for Economic Policy Research (CEPR) o Centro de Investigación de Política Económica (CEPR) fue fundado en 1983, so pretexto de estudiar las políticas económicas aplicables en Europa y más allá, mediante la investigación económica relevante para la política, y difundir entre los centros de poder y decisión en el sector público y privado las ideas rectoras del neoliberalismo. La red de becarios de investigación y afiliados al CEPR incluye más de 1.000 economistas pertenecientes a las universidades, institutos de investigación, departamentos de investigación de los bancos centrales y organizaciones supranacionales, con relevancia e influencia política.

sábado, 26 de diciembre de 2015

EL ACTUAL ESCENARIO GEOESTRATÉGICO MUNDIAL (II)

 
2º) La decadencia de Europa y el conflicto de intereses con los EE.UU.

Europa se debate en una encrucijada por su supervivencia, que se deriva de la crisis institucional, social, económica e identitaria, en la que ha sumido al continente el capitalismo alemán y la supeditación política y militar a los intereses de los EE.UU., provocando una triple fractura:
 
1º Entre los países de la zona euro y los restantes países de la UE por el diverso grado de integración en las instituciones europeas y el conflicto existente entre intereses nacionales y los comunes, véase el caso del Reino Unido que a corto plazo enfrenta en 2017 el posible referéndum sobre la continuidad británica en la UE;
 
2º Por los desequilibrios económicos entre el centro de Europa, económicamente pujante y heredero del área económica del marco alemán, y la periferia europea que sometida a los intereses económicos del centro continental, ve deprimirse de forma progresiva y constante su economía;
 
3º Entre el Este y el Oeste como consecuencia del abandono de Europa occidental de los valores tradicionales y de identidad europeos, sumiéndose en una sociedad multirracial y multicultural, carente de voluntad de permanecer y vivir, lo que se ha puesto en evidencia con la indebidamente llamada “crisis de los refugiados” y la debilidad ante la invasión islámica de Europa de la que es parte, que ha puesto en cuarentena la libre circulación de personas dentro del llamado espacio Schengen.
 
En el ámbito exterior, Europa carece de una política común a todo el continente, casi sería más correcto decir que carece de política exterior, y de capacidad militar para hacer respetar su voluntad en los organismos internacionales, en los que se viene decidiendo su futuro sin ser tenida en cuenta, como ocurre en el Consejo de Seguridad de la ONU o en las relaciones diplomáticas entre Rusia, China y EE.UU.
 
En el interior, la economía europea vive presionada por sus altos costes sociales, el coste de la energía que debe adquirir en dólares, con el consiguiente beneficio de los EE.UU. para el que no tiene más coste que seguir haciendo girar la imprenta e imprimiendo billetes y unos salarios infinitamente más bajos en Asia, además de unas normas de protección medioambiental inexistentes en contraste con el alto coste económico de la normativa europea, aun así imprescindible. Además la organización política de Europa se agrieta, pues padece una debilidad estructural en su construcción que se ha puesto de manifiesto con la crisis griega, al dejar clara la profunda desigualdad de los diferentes países de la Unión dentro de la arquitectura institucional europea.
 
En el plano estratégico y militar, Europa, con tan solo el 9% de la población (500 millones), representa el 25% del PIB mundial, el 25% del comercio y el 50% del gasto social del planeta, constituyendo la mayor concentración de riqueza y de distribución equitativa de la misma del mundo, solamente comparable a los EE.UU. de forma ventajosa para Europa, en cuanto a su redistribución por vía fiscal. En contraste con lo anterior, los recursos que Europa destina a protegerse son ciertamente escasos, pues apenas supera los 200.000 millones de dólares de gasto en defensa. Si comparamos estas cifras con los recursos de otros actores internacionales, podremos apreciar mejor la situación relativa europea. EE.UU. pese a que por primera vez desde 1998 ha reducido su gasto en comparación con el año anterior, su necesidad de salvaguardar su supremacía militar es tal, que su inversión militar sigue siendo superior a la de Asia y Europa juntos: 610.000 millones de dólares frente a 441.000 de 2015. Esas cifras representan grosso modo algo más de la mitad del PIB de España. China, según las estimaciones del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), gastó 216.000 (más de un 220% que hace una década); y Rusia, el tercer inversor del mundo, 84.000 millones, un 20% que en años precedentes.
 
La mayoría de los gobiernos europeos ha decidido llevar a cabo grandes recortes del gasto en defensa, a fin de limitar al máximo los recortes en gastos sociales, confiando en el escudo defensivo de la OTAN, que resulta vital para el mantenimiento de la hegemonía norteamericana. Desde 2008, España, Italia, Grecia y también las tres principales potencias, Reino Unido, Francia y Alemania han recortado, aunque menos. Las políticas ya puestas en marcha harán que la tendencia europea a disminuir el gasto en defensa se acentúe en el futuro inmediato, pese a las exigencias de EE.UU., para que los estados europeos asuman en mayor medida el coste de la ofensiva sobre Rusia y Oriente Medio, debido a la presión que sufre el gigante americano debida a la necesidad de contrarrestar el auge en inversión militar de China, aumentando su presencia en el Pacífico, tanto comercial como militarmente. Obviamente, la suma de los recortes europeos y norteamericanos, redundarán en una pérdida de músculo militar que, obviamente, tendrá un coste en el tablero geoestratégico internacional, y un resultado inevitable: la pérdida de peso político de Occidente en el concierto internacional.
 
Los intereses geopolíticos de los EE.UU. ya no coinciden con los de Europa, y esta realidad está forzando la crisis de la única organización militar que existe y cuenta, los EE.UU. han saboteado cualquier intento europeo de organizar una alianza militar independiente al margen de su control, y la política de salvaguarda de la hegemonía de los EE.UU., ha conducido a la celebración de alianzas inexplicables, incluso contraproducentes para Europa, ya que fuerzas islamistas declaradas enemigas de Europa, tratan de instaurar regímenes que son la negación absoluta de la libertad, con el auxilio de los propios aliados de los EE.UU. y sin otra oposición que la de Rusia. Una realidad que debería mover a reflexión, porque va en ello la supervivencia del continente y de su civilización que, guste o no escucharlo, no sólo no es neutral frente al islamismo, sino profundamente enemiga del mismo.
 
La política de agresión de EE.UU. contra los intereses rusos, ha provocado el aumento de las demostraciones de fuerza atlánticas frente al coloso euroasiático. Dentro de esa política de mostrar fuerza, se han llevado a cabo el pasado mes de octubre las maniobras Trident Juncture, el mayor ejercicio militar desplegado por la OTAN desde el final de la “Guerra Fría”. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), se fundó en 1949 como alianza militar heredera directa de los aliados frente a las fuerzas fascistas europeas, frente a la URSS estalinista. Era el instrumento de la ocupación militar de Europa por los Estados Unidos, en su política de hostilidad frente a la Unión Soviética, los dos auténticos vencedores de la segunda guerra mundial, cada uno de los cuales representaba un universo ideológico enteramente distinto. Con la caída del comunismo en 1989, la Alianza se extendió hacia el Este europeo llevando su frontera militar a las mismas puertas de Rusia, en Europa central y el Báltico y se redefinió implícitamente como brazo militar de la concepción norteamericana del mundo sometido a un nuevo orden hegemónico y unipolar dominado por los Estados Unidos.
 
La realidad actual es muy diferente. El sueño americano de un mundo sometido al orden político, cultural y militar norteamericano, ha dejado lugar a un mundo multipolar en lo político y militar, en el que el declive económico norteamericano parece cada día más cercano, ante el auge de las economías asiáticas y el control ruso de gran parte de las fuentes de energía. Por esta razón, cada vez es más profunda la brecha entre los intereses geopolíticos norteamericanos girados hacia el Pacífico en su política de contención de China, y los intereses de los europeos. La crisis de las denominadas primaveras árabes, el conflicto de Rusia en su frontera occidental de Ucrania y Crimea alentado por Washington, ha generado en la frontera suroriental de Europa una nueva guerra en territorio europeo, que sólo sirve a los fines de EE.UU. A este conflicto, hay que añadirle las intervenciones neocoloniales en Oriente Medio, que han conducido a la guerra a los todos los países entre Turquía y la India con excepción del chiita Irán, que se ha convertido en un mal necesario para los EE.UU., al ser los únicos que pueden hacer frente al Estado Islámico (ISIS) sunnita, que ha perseguido con odio a los cristianos orientales que habitan la cuna de la cultura occidental, y no es el único que lo ha hecho, sino que multitud de pequeñas organizaciones apoyadas por la OTAN se han empleado en estos crímenes con idéntica saña. Dicha organización, dotada de todos los atributos de la soberanía de cualquier Estado al que no se reconoce como tal para privarle de legitimidad, ha sido alimentada e impulsada por los regímenes tiránicos y sátrapas aliados de EE.UU., especialmente Arabia Saudí, que no duda en financiar la ideología wahabita que sirve de base a la invasión islámica y al terrorismo yihadista en Europa. Pero paradójicamente, es Rusia quien ha intervenido contra esos grupos islamistas en defensa de los cristianos, no los países de la OTAN, que aunque cada día lo sean menos, están poblados casi íntegramente por personas de cultura cristiana. Son muchas las contradicciones en las que la OTAN ha entrado, y muchos los intereses divergentes entre EE.UU. y Europa.
 
Los verdaderos intereses de Europa, no pasan por designar a Rusia como enemigo geopolítico de Europa. No existen motivos que puedan suscitar el conflicto, más bien al contrario, la complementariedad entre los intereses de Rusia y de Europa central y occidental es cada vez más evidente. Al contrario, son los intereses de EE.UU. los que colisionan con los intereses geopolíticos europeos y sus posibilidades de supervivencia. El poder militar, económico y político de los Estados Unidos, a lo que se suma la incapacidad europea para defenderse y su, en consecuencia, nulo poder político, impiden que se haga público el debate sobre la disolución de la OTAN, pero a nadie se le oculta la realidad. La OTAN no tiene futuro a largo plazo, pues Europa tendrá que elegir entre su supervivencia y la sumisión a los EE.UU. y sus intereses geopolíticos, y para que opte por una política de independencia, sólo es necesario que las presiones fronterizas energéticas y migratorias derivadas de las políticas de preservación de la hegemonía de EE.UU. sigan aumentando.