martes, 10 de septiembre de 2013

EL CONTEXTO GEOESTRATÉGICO DE LA GUERRA DE SIRIA



El final del verano europeo en este 2013 se presenta especialmente cálido. A lo largo del año, las tropas neocoloniales de la OTAN han comenzado a hacer efectiva su retirada de estos dos países, tras la precaria consolidación militar de los gobiernos títeres de EE.UU. en Irak y Afganistán. Al tiempo, continuando con su agenda imperial para alcanzar el vital control de la energía asiática, han golpeado en Túnez, Libia y Egipto, consolidando el control de la orilla sur del Mediterráneo en la retaguardia de Israel. Finalmente, con la caída de Siria se lograría el control del Mediterráneo Oriental, el último paso previo antes del ataque a Irán, logrando el triple objetivo de: eliminar las bases rusas asentadas en el país, bloquear a la flota rusa en el mar Negro y cerrar la salida al Mediterráneo del proyecto de gaseoducto islámico iraní, que comunicaría energéticamente el Mediterráneo con China a través de India, Pakistán, Irán, Irak y Siria. Además, la zona costera de Siria es uno de los principales escollos para el proyecto de oleoducto que desde Bakú (Azerbaiyán) y a través de Turquía e Israel llegaría a Asia Central, presumiblemente hasta la India, atravesando el territorio de Azerbaiyán, Georgia y Turquía, que son aliados o miembros de la OTAN. La construcción de parte de este proyecto ya está ejecutada: el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan se inauguró en julio de 2006 y ya surte a los mercados occidentales. Pero para culminar con éxito este proyecto y canalizar ese petróleo desde Turquía a través de Israel hacia Asia, hay que atravesar 400 km. de costa siria y libanesa, para lo que hay que provocar la radical transformación de los sistemas políticos, económicos y sociales de la región, configurando un nuevo orden regional que supondría al tiempo la afirmación de la hegemonía estratégica de los EE.UU. frente a sus enemigos geoestratégicos: Rusia y China. Esta acción se llevaría a cabo con el apoyo de sus aliados saudíes, jordanos, israelíes y los países subordinados de la OTAN. 
Fuente gráfico: ciaramc.org
Esta agenda no resulta improvisada, ni el ataque en ciernes a Siria es resultado del uso de armas químicas en el conflicto que se desarrolla en dicho país. Prueba de ello es la declaración de Carla del Ponte, presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Armas Químicas y Biológicas en Siria de las Naciones Unidas,  hecha el 28 de agosto pasado, en la que indicaba que la autoría del ataque del 21 de agosto con gas sarín o GB en Ghuta, un suburbio de Damasco, correspondía a los “rebeldes de la oposición”.

Otra evidencia de la falsedad de la acusación del ataque con armas químicas del gobierno sirio contra la población civil, es la publicación de un video de fuentes anónimas, presentado en YouTube el 20 de agosto pasado, ilustrando “el ataque” el día antes de que éste tuviera supuestamente lugar[1].

En realidad, la decisión de derrocar al presidente de Siria Bashar al-Assad fue tomada hace siete años por Washington, y prueba de ello es que ya en 2005, la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice advirtió sobre los “próximos cambios en el Medio Oriente de acuerdo a los intereses de seguridad nacional de Norteamérica” y que en el informe de la embajada norteamericana en Damasco, divulgado por WikiLeaks en 2006, se dieran consejos a Washington sobre los puntos vulnerables del gobierno sirio y las acciones a ejecutar para terminar con su régimen. De igual modo y para redundar en su veracidad, no hay más que recordar las declaraciones del que fuera comandante militar de la OTAN durante las operaciones de bombardeo contra Serbia, el General Clark, el 2 de Marzo del 2007, en las que contaba cómo se tomaron las decisiones en el Departamento de Defensa de los EEUU, cuando un amigo de éste le hizo llegar esta información con las siguiente palabras: “Vamos a invadir a siete países en cinco años, comenzando por Iraq, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y acabando con Irán”[2]

Por estas razones, está claro que el pretendido ataque con armas químicas a la población civil, no tiene nada que ver con la pretendida agresión norteamericana. Es más, prueba del interés de los EE.UU. en atacar a Siria, con independencia del uso de armas químicas contra la población civil, es que para acelerar el ataque el secretario de Estado, John Kerry llamó al secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, para que pare la investigación en Ghuta del prestigioso especialista sueco Ake Sellstom y su equipo de la Organización para la Prevención de Armas Químicas, pretextando que ya era demasiado tarde para obtener pruebas de su uso por el gobierno de Bashar al-Assad. En contra de lo esperado, Ban Ki-Moon no ha seguido las “sugerencias” de Kerry y ha decidido concluir la investigación sobre el uso de gas sarín, además su portavoz, Farhan Haq desmintió a John Kerry indicando que: ”el gas sarín puede ser detectado meses después de su uso”. 

El origen de los presentes acontecimientos, se encuentra en la reelaboración doctrinal del rol de los EEUU a nivel mundial, acaecida tras la caída de la Unión Soviética. Desde principios de la década de 1990, Estados Unidos comenzó a elaborar una nueva doctrina geopolítica, muy distinta a la que se desarrolló después de la segunda Guerra Mundial. Tras la “perestroika” el retroceso territorial de las distintas repúblicas no rusas de la desaparecida URSS, hizo que la renacida Rusia perdiera influencia en el Cercano Oriente, tras la aparición de Kazajstán como Estado-tapón, reduciendo la capacidad de Moscú para proyectar su fuerza en el Mar Caspio, reservorio de importantes fuentes estratégicas de petróleo y gas natural.


En 1997, Zbigniew Brzezinski, judío de origen polaco ex-asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca bajo la presidencia de Jimmy Carter, actual asesor de Obama e importante miembro de la Comisión Trilateral, el CFR y pieza clave de los Rockefeller y de la estrategia de EE.UU, publicó su libro “El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”[3]. En este libro, Brzezinski construye su teoría sobre la geopolítica mundial, proyectándola a continuación sobre las grandes zonas que, siguiendo la metáfora ajedrecista, delimitan “el gran tablero del juego mundial”, en las que se pretende la hegemonía de Estados Unidos frente a la rivalidad de las potencias emergentes u opositoras. Para lograr el mantenimiento de esta hegemonía, se debía partir de cuatro presupuestos básicos:

1º) Estados Unidos es la única superpotencia militar, económica, tecnológica y cultural con proyección global. Por tanto, es el único país capaz de actuar como “gendarme” mundial, con el máximo interés focalizado en la región euroasiática siguiendo la “Teoría del Heartland[4];

2º) Las relaciones internacionales deben conformar un sistema unipolar de poder, con los Estados Unidos como potencia dominante, aunque no única. El dominio norteamericano del sistema internacional unipolar, carece de alternativa, su cuestionamiento conduciría a la anarquía global;

3º) EE.UU. debe marcarse como objetivo primordial, la creación de un núcleo político de responsabilidad compartida encargado de la gestión del planeta, con un sistema de seguridad para controlar las relaciones con toda Eurasia. Una OTAN ampliada y vinculada con Rusia en materia de cooperación, mediante un diálogo entre Estados Unidos, la OSCE, China y Japón. Todo ello enmarcado en una “comisión permanente” que incluiría a Europa, China, Japón, una Rusia debilitada por sus divisiones nacionales internas, India y otros países importantes en razón de su potencial económico o militar. De esta manera, haciendo participar a las potencias subordinadas en el sistema, se traslada el coste del mantenimiento de la hegemonía norteamericana a las potencias subalternas, aliviando así la carga financiera de Estados Unidos que continuaría ostentando el control del sistema internacional;

4º) Estados Unidos debe establecer en la opinión pública, la certeza de que este marco geopolítico internacional no tiene alternativa posible y resulta inevitable, si se pretende evitar la anarquía global. La aceptación pública del modelo, es decir el sometimiento a los intereses del imperio estadounidense, es su punto más débil ante el generalizado rechazo que producen los Estados Unidos a nivel mundial. 

Estos pilares de la hegemonía norteamericana, dan forma a las preocupaciones estratégicas de Washington, que se proyectan geográficamente en la región que abarca desde el Mediterráneo al Índico, clave del dominio de la gran isla continental formada por Eurasia y que comprende, de oeste a este, Israel-Palestina, Siria-Líbano, Jordania, Irak, Irán y Afganistán-Pakistán. Los llamados “Balcanes Euroasiáticos”. Un contínuum geográfico de 3.850.000 kilómetros cuadrados y con una población de 325 millones de habitantes, con 25 millones de cristianos y otros tantos judíos, menos de un 2%, y 300 millones de musulmanes, divididos en 200 millones de suníes y 100 millones de chiíes, más sectas emparentadas; un territorio dividido racialmente en unos 65 millones de árabes frente a 260 millones de asiáticos islamizados; con lenguas muy diversas en su extensión, entre los no árabes la lengua predominante es el urdu (Pakistán), con 100 millones; seguida por el farsi (Irán) con 70 millones; el pashtu, con 20 millones (Afganistán y Pakistán); el kurdo, con unos 10 millones en Irak, Siria e Irán; y otros 6 millones, el hebreo.

La idea de que la hegemonía mundial se debate en esta región, ya formulada en 1978 por Brzezinski y recogida en el mencionado libro como teoría del “Arco de Crisis”, ha sido seguida por Rumsfeld, Condooleza Rice y ahora por el actual Secretario de Defensa Chuck Hagel. Esta doctrina establece como finalidad la balcanización de los países del Próximo y Medio Oriente, y la aplicación de la misma parece verosímil, si recordamos la revelación del ex-presidente de Egipto Hosni Mubarak al diario egipcio El-Fagr, relativa a la existencia a de un plan para dividir a toda la región de Medio Oriente, mediante la sucesiva destrucción de los regímenes de Irak, Libia, Sudan, Siria e Irán, reservando a Jordania el papel de “nueva patria del pueblo palestino”, tras la deportación masiva de la población palestina desde Cisjordania y Gaza a este país. Quizás esta denuncia, sumada a su negativa a la instalación de bases norteamericanas en territorio egipcio, motivara el que fuera apartado del poder por una “revolución democrática”.

En esta región no existen varios conflictos diferenciados, sino que se desarrolla un solo conflicto promovido por los Estados Unidos y sus aliados, entre los que se encuentra el gobierno de Rajoy en España que ha prometido apoyo militar logístico al ataque a Siria, que alcanza desde las regiones fronterizas de Pakistán, hasta la costa turca del Mar Negro, provocando los EE.UU. un proceso de disgregación y balcanización en toda la región, que se ha traducido en un Irak de posguerra desangrado por la guerra civil entre chiitas y sumnitas; en la división de los palestinos en las dos facciones de Hamás y la OLP; en el derrumbe de Túnez y Libia con el wahabismo salafista instaurado en Trípoli mientras grupos integristas dominan el interior del país, o en la yihad declarada contra el régimen laico sirio y sus aliados chiíes de Irán y Hezbolahh. Una crisis que se ha extendería a un Líbano dividido por las presiones internas que soporta la presión belicista de Israel, quedando sólo Irán como único país que se ha sustraído a la estrategia disgregadora de la potencia norteamericana. Tal presencia en el "arco de crisis" euro-asiático, le permitirá en un futuro próximo a EE.UU., abrirse paso hacia el Asia Central y Oriental.

En la fase actual de la estrategia norteamericana, tras el fracaso de las sanciones económicas al régimen iraní́ para lograr su asfixia económica y provocar una revuelta social, se persigue la creación de un Estado sirio controlado por los insurgentes en la orilla oriental del Mediterráneo. Este objetivo inmediato, es un paso previo necesario para la desestabilización y derrocamiento del régimen persa por métodos expeditivos.  Destruido el régimen iraní y establecido un gobierno títere, los EE.UU. habrían logrado no sólo sus propios objetivos, sino que además podrían establecer el “Erezt Israel”, el “Gran Israel” de la tradición judía desde el Nilo hasta el Éufrates, dando satisfacción a su lobby sionista interno, para lo que contaría con el respaldo de sus principales aliados occidentales, siempre atentos a satisfacer los deseos de la poderosa minoría judía.


[1] http://www.librered.net/?p=28970
[2] http://www.youtube.com/watch?v=_gHkO0BMlM4 
[3] Editorial Paidós, 1998 - 229 páginas. 
[4] También llamada "Teoría de la Región Cardial", "Área Pivote" o "Isla Mundial". Teoría desarrollada por el geógrafo y político inglés Sir Halford John Mackinder (1861-1947) y posteriormente por Sir James Fairgrieve, la cual postulaba que el dominio de un área concreta del mundo permitiría dominar el mundo. Esa área pivote o región cardial es representada por Asia Central y Europa Oriental y está rodeada de una franja intermedia donde se encuentran los ámbitos terrestre y marítimo. La teoría establece que en esa zona el poder terrestre tendría una mayor ventaja frente al dominio marítimo por su inaccesibilidad marítima, el aprovechamiento de los rápidos medios de comunicación terrestres y por la explotación de los recursos del área. En más detalle y según Mackinder, la superficie de la Tierra se puede dividir en: a) La Isla-Mundial, que comprende los continentes de Europa, Asia, y África, siendo el más grande, más poblado, y más rico de la tierra, de todas las combinaciones posibles; b) Creciente interior o marginal, en el que se incluyen las Islas Británicas y las islas de Japón; c) Tierras del creciente exterior o insular, donde forman parte los continentes de América del Norte, América del Sur, y Australia. El Heartland o Área pivote se encuentra en el centro de la Isla-Mundial, se extiende desde el río Volga hasta el Yangtzé y desde el Himalaya hasta el Océano Ártico. El Heartland de Mackinder fue la zona gobernada por el imperio ruso y después por la Unión Soviética, menos el área alrededor de Vladivostok. En el año 1919 Mackinder resumió esta teoría con esta frase: "Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo".


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